Archive for August, 2011


Las nuevas tecnologías democratizan determinadas prácticas. Con la fotografía digital, el acceso a la captura y colección de imágenes se ha multiplicado. Pero esa multiplicación puede también acabar con uno de los iconos de la cultura visual de los últimos dos siglos: el álbum fotográfico. ¿Alguien lo buscará en el futuro en el disco duro del ordenador?
Portada del suplemento cultura|s del miércoles 31 de agosto de 2011 La Vanguardia
Bibliografía
  • Verna Posever Curtis
    Photographic memory. The album in the age of photography
    APERTURE.
    NEW YORK, 2011

    Barbara Levine y Kristen Jensen
    Around the world. The Grand Tour in photo albums
    PRINCETON ARCHITECTURAL PRESS, 2007

    Raynal Pellicer
    Photomaton
    EDITIONS LA MARTINIERE.
    PARÍS, 2011

Lo primero que uno buscaría entre los escombros de su casa es el álbum fotográfico. En los lugares amenazados por huracanes e inundaciones es habitual guardarlos en tupperwares, pues así se asegura que floten a salvo. Ningún otro objeto representa mejor lo que somos y cualquier herencia sería insuficiente sin él. Ha sido un elemento clave en el imaginario occidental sobre lo que es una familia y es testimonio clave de lo que la gente corriente ha conquistado a lo largo del siglo XX. La revolución digital, sin embargo, está poniendo en riesgo su existencia física.

Se puede descubrir un álbum olvidado en un altillo polvoriento, pero es poco probable que nuestros nietos hurguen en ordenadores obsoletos para recuperar asuntos de sus antepasados. La historia de álbum, como hoy la conocemos, podría terminarse cuando ha cumplido poco más de un siglo de existencia. Nos referimos al álbum de instantáneas, al alcance de familias de clase mediayarticulado en secuencias de imágenes con la propia familia como protagonista. Este tipo de recolecciones de fotografías se popularizaron gradualmente a partir de la década de 1880, cuando fueron disponibles copias en papel a buen precio, las cámaras permitieron capturas a una velocidad que hacía prescindible el trípode y, sobre todo, cuando Kodak comercializó cámaras a precios muy accesibles. El gran salto se produjo en 1900 con la aparición de la Kodak Brownie, una cámara barata y accesible que notarió la vida doméstica del nuevo siglo.

Previamente a esto, los álbumes fotográficos eran cosas de científicos o exploradores, profesionales que ilustraban sus diarios de trabajo del mejor modo posible. En la década de 1850 se hicieron muy populares las carte-de-visite, una tarjeta ilustrada con un retrato de 11,4×6,4 cm que la gente  comenzó rápidamente a coleccionar en álbumes.

En ese tiempo ya eran comunes en muchas casas las libretas de recortes (scrapbooks) en las que se componía con cierta gracia collages de poemas, ilustraciones recortadas, fotografías y hasta objetos como flores, tickets o servilletas. A este tipo de composiciones caóticas, pero estéticamente estudiadas, pertenecen también las llamadas mesas revueltas, expresión que resume todo tipo de disposiciones gráficas y hasta caligráficas en las que, en un aparente desorden de fragmentos, se compone algo interesante. Eran particularmente populares, en la segunda mitad del siglo XIX las composiciones hechas a partir de cromos y estampas infantiles. Son prácticas que nos hablan de un momento en el que se empezó a digerir la saturación de imágenes propia de la cultura de masas, en el que había un tiempo libre que llenar con aficiones y en el que eso llamado la familia empezó a reflejarse en objetos y actividades nuevas, muchas de ellas, además, ajustadas a un mobiliario y diseño del hogar cambiante. El álbum, como los juegos de tablero o las citadas mesas revueltas, tiene sentido si se piensa en un tiempo de ocio y un espacio compartido entre padres e hijos, cosa en absoluto habitual antes de mediados del XIX.

El aspecto narrativo, y no sólo plástico, que adquieren las secuencias de imágenes en los álbumes es herencia de un gusto adquirido a marchas forzadas a lo largo de ese siglo, conforme la gente se iniciaba en la poderosa narrativa de lo visual. Los primeros, fuera del ámbito científico, en poder hacerlo fueron las familias que vieron en la fotografía el registro idóneo del llamado Grand Tour, el viaje iniciático típico de pudientes anglosajones que recorrían sin prisa el continente europeo, y muy en especial Italia, adquiriendo cultura y un bronceado por entonces no muy apreciado.

En sus álbumes figuran ya las torpezas que caracterizarán millones en adelante: figuras enanas e irreconocibles ante grandes monumentos, líneas de horizonte en diagonal, cabezas cortadas, etcétera. Estos álbumes suelen incluir también anotaciones junto a cada imagen y, ocasionalmente, destellos creativos en su composición.

Sin embargo, el nivel cultural de estos primeros turistas hacía de sus fotografías algo todavía  hierático, pictorialista y, a nuestros ojos, poco simpático o revelador. Eran documentos sobre arte y monumentos, más que crónicas familiares. La frescura y elocuencia del álbum llegó con la instantánea, con el descubrimiento de su potencia expresiva. Y eso ocurrió, paradójicamente, gracias al uso desenfadado que hicieron de la cámara tanto gente sin cultura gráfica específica como artistas e intelectuales irreverentes y vanguardistas. Son célebres las instantáneas escatológicas de Toulouse-Lautrec o las fotografías personales de artistas como Dalí  o Man Ray, como son apreciadísimos muchos álbumes de soldados, tanto de la Primera como de la Segunda Guerra Mundial.

El álbum, como el diario personal, es ejemplo del espacio que las historias particulares han ido adquiriendo en el relato de la Gran Historia. Al final, será el diario de Anne Frank, y no las memorias de Churchill, el texto que represente para mucha gente el período de la Segunda Guerra Mundial. Tras el conflicto, además, la instantánea conquistó en la fotografía una posición privilegiada como estética y estrategia de aproximación, empezando por lo mostrado en la exposición The Family of Man (MoMA, 1955) y siguiendo por el impacto de fotógrafos como Jacques Henri Lartigue (MoMA, 1963) o Nan Goldin (Museo Whitney, 1986).

Pero la influencia del álbum familiar va más allá de la estética de la instantánea. Al fin y al cabo aquello que lo define es la compaginación de imágenes, y muy especialmente a partir de la década de los cincuenta, cuando estos adquirieron una gran flexibilidad al popularizarse los álbumes de páginas variables e intercambiables, junto a la posterior posibilidad de desprender y recolocar las fotos. Los álbumes se han transformado desde entonces conforme la familia crecía, conforme los hijos se lo repartían y recomponían sus vidas en nuevas familias con sus álbumes correspondientes.

También el diseño de libros fotográficos aprendió de este tipo de composiciones, haciendo que en algunos casos, artistas y fotógrafos jugasen a confundir sus publicaciones con su archivo personal. Peter Beard, cuyos diarios ilustrados (scrapbooks en el mejor sentido) son tan admirados como copiados, publicó en 1965 The end of the game, un libro sobre las glorias y miserias de la caza mayor en África que poseía ya ese aspecto de álbum personal. Danny Lyon, por otra parte, decidió ordenar en álbumes las fotografías personales que legó a la Librería del Congreso norteamericano junto al resto de su obra. Antes de entregarlas, en el 2009, esas fotos se acumulaban en cajas, pero pensó que sería mejor disponerlas en álbumes para su consulta. Al hacerlo, al componerlas expresamente para su museificación, completó uno de sus trabajos más bellos, aunque haya quien acuse cierta impostura en su factura, ¿Un falso álbum familiar? En un tiempo en el que fotógrafos y herederos de grandes colecciones se obsesionan en los procesos de digitalización, Lyon se entretuvo en componer un álbum a la antigua.

Hoy, los álbumes domésticos son apreciados como uno de los documentos más reveladores de la vida en el siglo XX. Nuestro siglo está produciendo muchas más imágenes, sin duda, pero aún no está claro que las digitales se preserven de un modo tan eficiente como lo han hecho las impresiones en papel, ni que compongan relatos ordenados como los que nosotros heredamos. Aparecerán soluciones, no perderemos el álbum, pero por el momento se abren brechas, períodos breves pero significativos en la vida de una persona, en que todo lo fotografiado puede haberse traspapelado en el disco duro.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/20110831/54208730510/perder-el-album.html

Website : Accesorios fotografia digital

A un par de días de celebrarse el evento que la japonesa Sony tiene programado en Atenas para dar a conocer sus novedades en el campo de la fotografía y el vídeo, una de las cámaras que más expectación está generando en la antesala de su presentación se ha dejado ver en nuevas imágenes filtradas.
Se trata de la Sony Nex-7, una cámara compacta que permite intercambiarle los objetivos en función de los requerimientos del usuario y que está llamada a ser el buque insignia de su gama. Y no es para menos.

Esta Sony NEX-7, cuyas últimas imágenes nos llegan gracias a Sony Alpha Rumors, vuelve a mostrar un aspecto muy compacto y un perfil técnico que quita el hipo (sobre todo si eres fan de la firma nipona). Nada menos que 24,3 megapíxeles se concentran en su sensor Exmor, capaz de capturar unas fotos de gran calidad, al tiempo que asegura una muy buena función de grabación de vídeo en calidad FullHD a 60 cuadros por segundo.
Hasta que no sea presentada en sociedad, y como te decimos, el próximo miércoles 24 de agosto parece que será el día elegido para ellos, no se confirmarán oficialmente sus datos de lanzamiento, aunque ya se habla de la primera quincena de noviembre como el periodo elegido para su puesta de largo. Eso sí, si estás interesado en la Sony NEX-7, prepara la cartera: se habla de un precio de entre 1.000 y 1.000 dólares (unos 700 ó 770 euros, al cambio actual) por este dispositivo.
En cuanto a las prestaciones que se empiezan a perfilar para la Sony NEX-7, se ha sabido que esta cámara tendrá un margen de luminosidad de 100-16.000 ISO, así como visor electrónico integrado. Incluirá una zapata estándar para accesorios, y equipa una pantalla táctil de tres pulgadas con tecnología TruBlack.
La Sony NEX-7 también dispondrá de una serie de opciones para que el usuario pueda hacer fotografías con vistosos efectos sin necesidad de recurrir a complicadas herramientas (efectos como el llamado HDR, formatos panorámicos y otros).

Accesorios fotografia

FUENTE : http://www.tuexperto.com/2011/08/22/filtradas-imagenes-de-la-sony-nex-7-antes-de-su-presentacion/

 

Tecnicas para fotografías a la luz de las velas

Técnicas para fotografías a la luz de las velas. Las velas son una fuente de luz única; usando la luz de las velas a la luz de una escena pueden resultar fotos impresionantes. La temperatura es diferente a la luz de las velas, la luz del día o la bombilla regular y su utilización es difícil y requiere experiencia; este artículo le dará algunas ideas básicas para empezar a experimentar con ella.
Recuerda que debes de eliminar otras fuentes de luz; el objetivo de la luz de las velas, es lograr un efecto de calidez. Con el fin de aprovechar al máximo este efecto,  debe asegurarse de que no hay otras fuentes de luz que contaminan la escena.

No hace falta decir que debes de asegurarte de que elflashde tu cámara digital, se establece en la posición de apagado. En algunos casos se puede utilizar una pequeña fuente de luz adicional. Después de experimentar y adquirir experiencia con la fotografía a la luz de las velas, se podrá tener una idea de cuando se permite alguna otra luz, para penetrar en la escena, en qué ángulos e intensidades.
La luz de las velas no es tan fuerte como otras fuentes de luz; es mucho más débil que elflashde tu cámara digital. La fotografía a la luz de las velas, casi siempre se traduce enfotoscon poca luz. Se recomienda el uso de una configuración en la que se maximiza el ancho de la abertura y reducir al mínimo la velocidad de obturación, por lo que es probable que el resultado final será tener que  utilizar velocidades de obturación lentas.